Estoy parada frente a un mirador altísimo. Veo llegar un final.
En su momento, hace ya bastante, escribir este blog tuvo un propósito.
Siendo sincera y despojándome de la vergüenza que siento, durante todo este tiempo deseé que encontraras éstas palabras y que eso desencadenara una historia de amor como las del cine. Que sintieras lo mismo que yo, que me llamaras, que nos diéramos la mano y nos olvidáramos de todo.
Felices para siempre.
Que adolescente soy. Expectativas de princesa que besó un sapo.
Claramente era más real que nunca llegaras a ésto. Incluso existiendo la posibilidad de que me leyeras de seguro ibas a pensar que estoy loca, quizás sentirías algo de pena por mi; pero continuarías forramente con tu vida.
Típico.
La situación me recuerda un poco ese capitulo de la 2da temporada de How I meet Your Mother? donde justo antes de cumplir las 240000 millas el auto de Marshal deja de funcionar.
A veces (sospecho, casi siempre) las cosas no funcionan de la manera que esperamos, a pesar de que realmente nos esforzamos y ponemos todo de nosotros.
Resultan de una forma que jamás se nos hubiese cruzado por la cabeza.
Ésto nos toco. Buena o mala suerte. Todavía no lo sé.
Pero es pasado y por lo tanto me corresponde dejarlo en otro lugar, un lugar que no es mi vida actual, muy atrás de los pasos que estoy dando.
No voy a perder la memoria.
No voy a pensar ni de más, ni de menos.
Te dejo libre para que vueles de mi mente. Me quedo con una carta, un dibujo y un corazón de peluche en el primer cajón.
Chau.
Son las 4 am y estoy pensando.
No sos tan importante, no te creas. Me duele la panza y no puedo dormir.
Chau de nuevo.
Tiffa
(Esto va dedicado no sólo a vos Gaspar, sino a la única persona que leyó este blog: Sol)

No hay comentarios:
Publicar un comentario